lunes, 12 de abril de 2010

Llamadas telefónicas (1): Sensini


Que no hay Bolaño menor es cuento sabido: lo han anunciado muchos lectores atentos antes que yo y no insistiré demasiado en la cuestión. Ser escritor todoterreno tiene la desventaja de que algunos puedan considerar que no todo lo que se escribe tiene la suficiente calidad, o que trabajar a destajo sólo es para obreros y no para artesanos. Tampoco ha ayudado la consideración de Bolaño como mito moderno, pues eso crea al mismo tiempo fans viscerales y enemigos íntimos, y el debate se recrudece entre unos y otros. Siempre hay obras maestras y obras de relleno, claro, pero en los escritores de fuste estas últimas sirven para reconocer el camino hacia el cénit, y jamás hay cuento o novela breve de los que no podamos sacar algo de provecho, siendo éstas a su vez el sustrato de lo que se escribiría a continuación.

Llamadas telefónicas es una colección de cuentos del Bolaño currante: ese que escribía con esmerada dedicación para complementar los sueldos de vigilante de camping o de empleado de hotel, y que se presentaba a los premios literarios más insospechados de la geografía española. ¿Alguien puede afirmar sin sonrojarse que un cuento para un premio de provincias ha de ser literatura menor? El prejuicio actúa con extrema puntualidad: tanto necesitaba Bolaño ganar un premio en Alcoy como el Herralde pocos años después, la necesidad era la misma. O sea, la del escritor que quiere vivir de su oficio.

Arranca, pues, este libro de cuentos de la mejor forma posible: una autoparodia en clave nada humorística acerca de la condición del escritor desconocido o maldito. Presenta el narrador a un sosias que es el perfecto espejo de sí mismo, aunque de otra generación: Sensini es un argentino de escaso éxito comercial, con lectores fieles pero reducidos y exiliado en Madrid desde hace años. Para sobrevivir en el mundo de las letras se ve obligado a presentarse compulsivamente a todos los premios literarios de cuentos que se convocan en España, lo cual le permite ganar tiempo y dinero malviviendo con su esposa y una hija adolescente.

No hace falta abundar en la conocida biografía del propio Bolaño: en el prólogo a Monsieur Pain ya contó sus desvelos por ir cazando galardones durante la primera etapa de su carrera. El chileno acompaña al argentino en su cacería y entre ambos se establece una relación epistolar, de Girona a Madrid y viceversa, donde el tema principal (premios y literatura) se va bifurcando hasta que terminan compartiendo una peculiar amistad desde la distancia.

Es Sensini un cuento para escritores frustrados y para cuentistas recalcitrantes, con la feliz moraleja (que aparece ahora, leído desde el paso de los años) de reencontrar a un autor que entonces (de 1997 es la primera edición, pero la historia narrada se fecha a finales de los setenta) era un proyecto más y que ahora es el canon que todos conocemos. De alguna manera, este es el cuento dentro del cuento dentro del cuento: Bolaño narrador hablando de un Bolaño escritor que a su vez se convierte en el autor que aparece en la solapa del libro.

Hay desperdigadas aquí y allá algunas de esas frases que para mí hacen de Bolaño un narrador potente, que huye del tópico y usa quiebros poco aptos para lectores cómodos:

(…) en busca de los ojos de Gregorio Samsa que brillaban al fondo de un corredor en tinieblas donde se movían imperceptiblemente los bultos oscuros del terror latinoamericano.

A veces se le achaca una cierta desnudez verbal, y sus detractores no dudan en echarle en cara una parquedad de estilo que es, justamente, su mejor seña y acierto: aquí aparece con crudeza, pasando por encima de cualquier artificio y sacando belleza del desnudo (dónde si no iba a estar la belleza). Pero la economía de recursos no influye en la proverbial generosidad del contador de historias: después de este cuento es difícil dejar de ver a Bolaño como lo que fue en vida, y de desmitificar la función del escritor en nuestro entorno. Baste ver, en Sensini, el juego de cambio de títulos para un mismo cuento que iba siendo presentado a distintos certámenes como inédito. La literatura como arte, sí, pero también como triquiñuela. Y como juego. Y como el pan de cada día.

El rompecabezas no se arma al completo hasta después del cuento, en nota a pie de página y como una ajustadísima pieza de relojería: Sensini recibió el Premio de Narración Ciudad de San Sebastián. Les dejo el análisis de esta coda a ustedes mismos.

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Monsieur Pain
Una novelita lumpen: uno, dos, tres, cuatro
La literatura nazi en América: uno, dos, tres
Estrella distante

4 comentarios:

David Pérez Vega dijo...

Hola:

Este libro de relatos es uno de mis preferidos en el género.

Sigo retormando de vez en cuando al cuento de "Sensini", uno de mis favoritos a nivel absoluto.
Alguna curiosidad sobre él: el escritor en que se basa Sensini es un argentino llamado Antonio Di Benedetto, en España se pude encontrar algo. Yo leí un cuento y me pareció algo extraño.


El cuento que hizo a Bolaño ganar un accesit de un premio y conocer a su admirado Benedetto se llama "El contorno del ojo" y se puede encontrar por Internet.
POr si te apetece leerlo, tengo en mi blog un enlace a él, dento de la etiqueta "Roberto Bolaño".

Saludos

JacoboDeza dijo...

Muchas gracias por tus aportes: mientras leo el libro me he negado a indagar en críticas o datos sobre el mismo, para que no me influya lo más mínimo en mi apreciación. Es por eso que todavía no me había puesto a averiguar quién es Sensini, y si partía de un personaje real.

Este fin de semana leeré el cuento del accésit desde tu enlace.

orillera dijo...


Hoy leí Sensini.
Algo nuevo comenzó.

Anónimo dijo...

Me encanta Bolaño y lo leo desde antes que se transformara en lo que es ahora. Me gusta su prosa, parca pero con una curiosa sensación de abrigo. Sensini es un cuento con un entramado muy compacto, que parece sencillo a primera vista pero que no lo es. En frases como aquella que mencionas en tu post es donde se puede aprender cómo evocar una emoción, una sensación, algo que va más allá de las palabras sin resultar pedante o recargado.