viernes, 17 de marzo de 2006

Revisitando a Bolaño

Estaba en casa de un amigo, en la parte alta de San Salvador. Pequeño jardín con vistas a la metrópoli cochambrosa, guardia bien armado que vigila el acceso a la calle, y la familia: tres hijos, un perro. La mujer me comenta que los niños andan peleados, y la causa me sobrecoge: ya ha llegado también aquí el último volumen de Harry Potter y hay carreras y codazos por leer el único ejemplar de la casa. Se lo van pasando y lo devoran, uno ya ha llegado a la mitad en dos días (unas 300 páginas, calculo) y controlan el tiempo que cada quien tiene para evitar que otro lo sobrepase. Muy pronto el perro también va a pedir su cuota, seguro.

Pues estos días ha tocado nuevo viaje y mucha ocupación sin horarios. Hasta ayer la capital estaba en ascuas por un resultado electoral, y a las ocho de la tarde volaban hierros, gases lacrimógenos y alguna que otra bala. Yo me lo miraba impasible por la televisión, en riguroso directo, apartado ya del tumulto y acostado en medio de un surreal bosque de pinos. O sea, el bosque era muy cierto y las piñas también, pero esos saltos mortales (del peligro próximo a la letargia soñolienta) acaban repercutiendo en mi cuerpo y debe ser por eso que las bacterias encuentran accesos francos, hallándome sin apenas defensa que oponer.

Pero he tenido tiempo de pensar algo sobre libros digeridos, sobre ese último Bolaño que ya dejé por aquí apuntado y que sigue rondando mi cerebro. Tengo que admitir que casi nunca dejo un libro a medias, y como acostumbro a creer fuertemente en mis elecciones, no doy tregua hasta confirmar que aquello que leo se acerca a mis primeras hipótesis de fe. Pasa a menudo que uno está leyendo algo que no acaba de interesarle, o de no poder vislumbrar hacia dónde nos lleva esa historia, pero siempre mantengo la esperanza de una remontada, de algún saque de esquina en la página 257 que acabe entrando en el fondo de la red. Después siempre ocurre que lo que comienza mal suele acabar peor, pero yo sigo ahí, inasequible al desaliento. Ahora tengo por fin un motivo para sentir cierto orgullo de mi terquedad: esta literatura nazi de la que hablo me pilló muy desprevenido, y aunque ya tenía referencias de por dónde iba el libro (no las de contraportada, que nunca leo antes de las 100 primera páginas, otro de mis absurdos ritos literarios) me vi atrapado en una telaraña de historias desbocadas, sin sentido y completamente alucinantes. Cada biografía me descolocaba más que la anterior, siendo como son mentiras muy ciertas sobre los límites de la literatura, sobre los locos que pululan por estos mundos, sobre gente que escribe y escribe y no deja huella, que pasa creyéndose Borges o Rabelais y que sólo emite destellos imprecisos, obras desalmadas.

¡Y qué cambio se produce cuando esa reiteración, después de las 8 o 10 primeras puntadas, se convierte en 20 o 30 estocadas más! Lo que inicialmente era un borroso panorama de personajes prescindibles, va tomando cuerpo y se alza ágil por encima de la mera anécdota. El salto es gradual pero ya con cierta perspectiva se torna también mortal, como mis últimos viajes: a medio libro yo necesitaba que se ampliara esa amalgama de gente vil, que no parara la lista de infames que publican supuestas novelas de tesis, vanguardistas, rompedoras, únicas, tan reales como el montón de mamotretos que pueblan las mesas de novedades de El Corte Inglés. Menuda visión la de Bolaño: esas falsas biografías son trasuntos de verdades absolutas, de hombres y mujeres americanos (y europeos y marcianos) que están aquí, entre nosotros y con otros nombres, que también nacen en 1945 y mueren en 2016, pongamos; en Cartagena de Indias o en Dakota del Sur; y uno va conociendo la suerte de esas docenas de individuos y mira luego por la ventana y los ve a todos. Bolaño dejó impresos allí, para la posteridad, todos los retazos de vida posibles que acaban montando el puzzle de los fantasmas literarios que somos y serán. Yo no podía dejar esas páginas y de releer esas bio-bibliografías locas, juiciosas.

Ya tengo el ejemplo exacto para confirmar que mi idea no era tan equivocada: jamás hay que dejar un libro a medias, no vaya a ser que, como en este caso, después de varias hojas las tapas comiencen a aletear y el ejemplar de Seix Barral alce el vuelo como un pájaro. Ahora también me parece que Vila-Matas está intentando escribir desde hace mucho años precisamente esta obra, esta rara avis que tiene pocas comparaciones y menos libros de igual fuste. ¿Saben cuál es uno de los mayores elogios para el invento? Cuando uno, al leerlo, quiere inventar también y escribe sobre otros fabuladores imposibles, quiere emular y copiar al maestro. Cuando la lectura nos lleva a la escritura íntima y nos vemos impelidos a anotar cuatro párrafos en un cuaderno: ¡Qué pocas obras nos obligan a coger el lápiz y a pasarlo por encima de la hoja de papel! Bolaño es capaz de eso y, como augura mi otro acto de fe, de mucho más.

10 comentarios:

Fuca dijo...

Espero, Jacobo, que ya estés totalmente recuperado del ataque bacteriano. Gracias por tu información sobre Gioconda Belli, coincido con tus apreciaciones. También coincido con lo que escribes sobre Harry Potter en tu mensaje anterior; también yo cambié de opinión, de ser tremendamente crítica con esta saga harrypottiana, pasé ahora a ser más condescendiente, prefiero que los niños y adolescentes lean los Harry Potter a que no lean; es una senda que a muchos de ellos los está llevando a leer después buena literatura.

Vamos ahora a discrepar un poco. Es muy difícil que yo deje una obra a medias, es más, sólo recuerdo dos obras que dejé por la mitad en mis muchísimos años de lectora. Hace unos días dejé la tercera, “La literatura nazi en América” de nuestro admirado Roberto Bolaño. Iba poco a poco leyendo, me cabreaba conmigo misma por seguir leyendo pues tenía la idea de que estaba perdiendo el tiempo, no me aportaba nada la obra, no me interesaba ni me divertía; al final dejé el libro cuando me faltaban unas 50 páginas, es una obra que yo no recomendaría a nadie, por lo menos a las personas que no les interesen las historias desbocadas, sin sentido y completamente alucinantes. Seguiré leyendo otras obras de Bolaño. Un saludo.

Joana Pol dijo...
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Joana Pol dijo...

Tienes un blog muy interesante, sumamente denso (y es un halago, estoy harta de superficialidades) y muy bien escrito. La lástima es que lo he descubierto en un momento de mi vida en que me cuesta concentrarme en una lectura tan rica.

Últimamente me ocurre que las lecturas no me llenan, no puedo llegar al final. Pero creo que es por culpa de una empanada mental lógica, un estado de estupefacción que espero sea transitorio: he conseguido publicar mi primera novela (no voy a decir cuál, no sea que te pongas a buscarla y me encuentre con una crítica para la que aún no estoy preparada, jajaja, y el caso es que creo que he perdido algo en el camino, y me empieza a preocupar seriamente. Espero recuperar mi alegría por leer algo más que artículos interesantes.

Te iré visitando!!!!
Besos

JacoboDeza dijo...

Fuca, me gustaría que abundases más en tu apreciación sobre la literatura nazi de Bolaño, y si ya lo has hecho en alguna otra parte, dime dónde. Necesito escuchar voces discrepantes, y especialmente sobre este autor: compruebo que en tu caso el libro jamás remontó el vuelo, y sería de lo más interesante discernir qué elementos sí lo consiguieron conmigo. Como ya digo en el blog, hay dos momentos de lectura casi antagónicos: la primera acumulación de vidas, que me desconcierta, y la segunda, más avanzada, que me ilumina. Y en medio, ¿qué ocurre en medio para que eso sea así en un lector y en otro no?

Joana, también me pillas en un momento de menos prolijidad (demasiados aribas y abajos, nortes y sures) pero la senda sigue y espero encontrate también paseando por ella. Lo del libro ha sido fácil hallarlo a través de tu blog y aún sigo algo desconcertado: de momento me he quedado en el aspecto gráfico, que ha recuperado a mi vieja, pero en parte también actual, pasión por el cómic. Otro día hablaré de ello.

Joana Pol dijo...

¿Desconcertado? Jajaja, yo SÍ que estoy desconcertada. Aún no me lo creo...

Fuca dijo...

No he escrito en ninguna parte sobre este libro de Bolaño, en primer lugar porque no suelo comentar las obras que no me gustan y, además, porque los foros literarios en los que yo escribía están moribundos o ya no son literarios (entendiendo por literario aquel foro en el que se leen libros y se comentan).

El problema, Jacobo, es que yo no veo esos dos momentos de lectura casi antagónicos; para mí sólo existe una acumulación de vidas de autores inventados que no me interesan, no encuentro esa iluminación que tú aprecias en la lectura por ninguna parte (a no ser que esté en las últimas páginas que no he leído). Esa reiteración de personajes prescindibles, superficiales, no me atrae, no logra trascender la anécdota, no consigue comunicarme nada, sólo me deja la sensación de haber perdido el tiempo leyendo esta ¿novela?

¿Realmente, Jacobo, crees que esta obra se reeditaría si Roberto Bolaño no hubiera escrito “Los detectives salvajes” o “2666”? Estoy segura de que ninguna editorial se hubiera arriesgado a reeditar este libro.

Para mí, Roberto Bolaño es el autor de dos grandes novelas y por ellas pasará a la historia de la literatura; el resto de lo que he leído de este escritor no me ha convencido. Un saludo.

JacoboDeza dijo...

Fuca, cuenta por ahí Herralde que le llegó el manuscrito de La literatura nazi y quiso someterlo a la bendición del jurado, pues pensaba darle el premio de la editorial. Como Bolaño necesitaba dinero instantáneo, Seix-Barral le dijo que se lo publicaba de inmediato (el olfato de Gimferrer) y aceptó, como es lógico. O sea, que la obra gustó al menos a dos importantes editores, y a partir de ahí Anagrama ficha al autor con casi toda su obra posterior.

Sigo creyendo que es un libro muy interesante, imposible de someter a una lectura plana (la mera sucesión de anécdotas) sino que debe ser leído en relación a la verdadera historia de la literatura americana, a lo que significa ser escritor y escribir, a la moda de magnificar a pésimos literatos y enterrar a los buenos, al auge de bucear en lo personal para encontrar al creador... Yo al principio me limitaba a leer el libro esperando que me contaran una historia, pero hasta que no me percaté de lo que yo creo que es la intención de la obra recorrí casi la mitad de sus páginas. En fin, que en mi nuevo post, como podrás ver, le homenajeo y hago un (quizá pésimo) intento de trascender lo que sería la anécdota para, en el fondo, eternizar la literatura.

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

Anda que, Fuca, decir que RB sólo tiene dos grandes novelas, supone dejar en el limbo:

-Llamadas telefónicas
-Putas asesinas
-Estrella distante
-Nocturno de Chile
-Amuleto