El día 14 de octubre de 2005 se publicó en este blog un artículo en referencia a un texto de Manuel García Viñó sobre Javier Marías, de cuya existencia me avisó muy amablemente
Magda. En la columna de la derecha (sección archivos) cualquier lector puede buscar el artículo, el enlace y los numerosos comentarios que suscitó el asunto. Cuando parecía que todo esto era ya historia, un lector comunicó a García Viñó la existencia del artículo y de paso la de este blog, a cuya llamada acudió el interpelado de inmediato con una respuesta que subo hasta el cuerpo principal de la página. Sin recortes ni modificaciones, pero con los comentarios de quien suscribe, estas son las palabras de Manuel García Viñó (los corchetes y cursivas son míos, la mayonesa y el ketchup son suyos):
Documento “trampolín”Un amigo ha encontrado ese blog y me comunica su existencia. Supongo se me permitirá caminar por esa “senda de los libros” un breve espacio, [
no hay muros aquí y el tránsito es libre] para defenderme de tantas insidias, calumnias y sandeces como se han vertido sobre mí.
Procuraré la máxima brevedad y espero que quienes me lean comprendan que en mis palabras se trasluzca un ligero cabreo.
Empezaré, creo que lógicamente, por la necia y vacía Anacrusa, que me llama loco, patán y bilioso resentido -¿sabrá ella lo que significan esos tres epítetos?-, sin haberme echado la vista encima, sin haber leído uno solo de mis cien libros [
el 14 de octubre yo conté en el ISBN 74 y me informan ahora de que ya son 77: pero no niego que usted llegará a los cien tan campante] y sin saber que soy, como ella, doctor en Derecho por la universidad de Bolonia, doctor en Filología Hispánica por la de Sevilla y licenciado de en Física Teórica por Heidelberg. Soy también el único español, en toda la historia, [
¿la historia de España? ¿la de Europa? ¿la universal?] que más se ha ocupado –veinte libros- del género literario novela, desde los puntos de vista histórico, crítico, sociológico y estético. [
en este punto estoy abrumado por las cantidades; todo suma en usted: títulos académicos, libros, puntos de vista. Más y más]
El único español que ha publicado una “Teoría de la Novela” (Barcelona, Anthropos 2005). Mi libro “Mundo y trasmundo de las leyendas de Bécquer” lo publicó el más grande filólogo español del siglo XX, Dámaso Alonso, en la Biblioteca Románica Hispánica de Editorial Gredos, algo así como la capilla Sixtina de los estudios filológicos españoles, donde a usted no la dejarían ni barrer el suelo. [
el único, el más grande, la capilla sixtina: hay sintagmas que se recuestan en el colchón con su obesidad grasienta. Más y más]
Continúo por el tontorrón que se escandaliza de mis nulas, o casi nulas y confesadas, relaciones con Coetzee, a propósito de las cuales Jacobo Deza miente, como en tantas otras cosas, pero da igual. Señor Paco, usted, que sí ha leído a Coetzee, y a Pérez Reverte y El código da Vinci, ¿ha leído a Fray Luis de León, el mejor prosista de la lengua española; a San Juan de la Cruz, el mejor poeta; a Fray Luis de Granada, a Quevedo, a Gracián, la Picaresca, Cervantes, Herrera (el primer crítico literario de nuestra lengua), a Lope, a Villegas, etc., etc. ¡Pues entonces, gilipollas!!! A mí, y teniendo en cuenta lo que yo busco, me ha bastado hojear a Coetzee, a quien por supuesto respeto, para saber que no me tiene nada que decir. [
sería un verdadero milagro que Coetzee le tuviera algo que decir a usted. De hecho, Coetzee escribe precisamente para que personas muy distintas de usted le lean] Yo no leo para estar al día, señor Paco. Yo leo con una intención muy determinada. Tampoco leo novelas para enterarme de su tema y argumento. Leer así, como usted, como ustedes, hacen, es una torpeza que jamás conducirá a la posesión de una formación humanística. Le diré lo que he leído en los últimos diez años… ¡Como para tener tiempo de leer a Coetzee y los demás que anuncia Babelia! He leído y releído, solamente, Presocráticos, Nietzsche, Idealismo Alemán y Cosmología. [
toma ya. Un crítico literario con 77, 100 o quien sabe cuántos libros que procura no leer literatura]
Jacobodeza es el clásico tipo de fulano al que su idolatrada madre, por quererlo demasiado, lo desgració para toda la vida. “Jacobodezito, hijo, le diría una y otra vez, tú eres muy gracioso. ¡Y cuánto sabes!” Y el desdichado se lo creyó y así ha llegado hasta aquí para evacualla en el extrarradio (cagarla fuera, diría Anacrusa, la muy basta). Aprenda a citar con propiedad o no cite: Era así: “¡Caramba, dijo el cartero, / tres libros de Marrodán / y estamos a dos de enero!” Todas las citas que hace de mí, las hace mutiladas o tergiversadas. Y, por supuesto, eligiendo las dos menos contundentes entre varios cientos. En dos o tres ocasiones me achaca haber dicho lo contrario de lo que dije. Yo sostengo que Javier Marías es quien peor escribe o ha escrito nuestra lengua en todos los tiempos y lugares. [
a estas alturas uno piensa si hay que seguir leyendo o no: la prosa superlativa y biliosa produce ardor de estómago] Y lo he demostrado en mi libro “La Gran Estafa: Alfaguara, Planeta y la novela basura”, Ed. Vosa. Pero casi no hace falta leer mis seiscientas páginas (no sólo sobre Marías, claro; también sobre otros/as). Sólo por haber escrito, en El Semanal, que “ETA asesinó a un concejal sevillano con su mujer incluida” es para descalificarlo para toda la vida. ¿Y esto? Dice que alguien está en un gran almacén y: “Entró en la sección viril y se echó unas gotas de aroma en el envés de sus sendas manos”. Sección viril, aroma por perfume y ¡el envés de sus sendas manos!... Este es el rebuzno más poderoso que se ha escrito en lengua española. No tiene remisión posible… En fin, pedante de mierda, a ver si tiene usted lo que tienen las personas dignas y no tienen los payasos: le reto a sentarse conmigo a una mesa con la obra de Marías que usted quiera delante, a ver si es capaz de justificar los cientos de confusiones, coces al diccionario, chistes involuntarios, pruebas de retraso mental y chorradas que yo le señalaré. Mi dirección es:
ligeia@auna.com. [
gracias por la invitación, pero declino su oferta: a estas alturas he contabilizado un necia y vacía, un tontorrón, un gilipollas, un fulano y un pedante de mierda. Con este ajuar no acostumbro a debatir con nadie]
No voy a contestar ni a Potno ni a Magda ni a Anonymous, tan tontos y analfabetos como para acompañar dignamente a Jacobo Berzas, digo Deza. Anónymous, además, inmoral, al dejar una cita por la mitad.
Finalmente, gracias a Javier por su defensa de mi postura y de la racionalidad de que carecen los otros, pero ¿por qué motivos oscuros o, mucho menos, envidia? ¿Tanto cuesta admitir que alguien actúe simplemente por amor a la literatura, a la verdad y a la justicia? [
¿no era Scarlett O'Hara quien pronunciaba una frase así?] ¿Tan raro resulta que luche por ellas sin fines bastardos? Ya sería de por sí estúpido envidiar a un Forrest Gump e la literatura como es Javier Marías, pero es que si lo de la envidia se refiere a su éxito mediático y económico tengo la prueba de que no es, no puede ser, así: quien quiera puede buscar en cualquier hemeroteca el número de mayo de 1965 de la revista “Humanidades”. Contiene un estudio de mis tres primeras novelas y una entrevista conmigo, en la, que, entre otras cosas, decía lo siguiente -¡en 1965!-: “aspiro a ser un escritor de minorías, y mis ambiciones de venta no pasan de aquel número de ejemplares que mi editor necesite para no perder dinero y publicarme el siguiente libro”.
Mi enhorabuena una vez más a Jacobo Deza por haber escrito: “lo dicen los lectores que son los que más saben”. Hay que ser necio y navegar por las más espesas brumas del desconocimiento, para hacer esta afirmación. [
no: me basta simplemente con no ser el mejor licenciado en Física Teórica por Heidelberg de todos los tiempos y lugares habidos y por haber. Fíjese cuánto ha ganado la física teórica sin la participación de este humilde lector]
Un saludo a Javier. Manuel García Viñó.
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Y esta fue la carta. Las personas aludidas en ella sabrán perdonar el hecho de haberlas obligado a subir hasta aquí, sin su consentimiento. Pero no seré yo quien quite una coma o corrija una palabra del Único Español: ahí queda, para lumbre y ornato de las futuras generaciones.