lunes, 15 de agosto de 2005

Vinieron del Norte

Qué grato saber que la mejor revista en español se edita en México. No va a ser ésta la última vez que hago referencia a "Letras Libres" (link permanente en la columna de la derecha del blog), pues siempre hay algún que otro artículo imprescindible que reseñar. El de hoy quizá no lo sea tanto, pero merece unos minutos de atención por lo que supone de punto de mira hacia la literatura que viene del Norte, de modesto intento por establecer un who's who de lo que está pasando ahora mismo, que es decir en la última década, en la tierra de Faulkner.

Rodrigo Fresán, en "New American Cookbook: El aquí y el ahora en veinticinco libros cardinales" se ha dado a la tarea de recomendar 25 libros norteamericanos editados recientemente, sin ningún tipo de gradación más que el arbitrario orden alfabético, y de paso realiza un efectivo ejercicio comparativo entre autores, relacionando obras y sugiriendo otras lecturas alternativas. Hacía tiempo que no veía un compendio tan amplio, quizá sin excesivas pretensiones, pero quizá también sea eso lo que lo hace apetecible y lo que me ha obligado a dejarlo a mano, no demasiado lejos por si necesito volver a él. Nada que decir respecto a la crítica fugaz que realiza sobre cada obra: he leído muy poco de lo que aparece en la lista, pero suficiente como para comprender al instante que Rodrigo sabe de lo que habla. Y me alegro especialmente por mí, consciente de que necesito una buena dosis de instigación y empuje para adentrarme en la literatura de Estados Unidos: mi interés literario se fundamenta hoy en España y Latinoamérica, en Inglaterra y, en mucha menor medida, Francia e Italia.

Así, por ejemplo, no pude terminar Las correcciones de Franzen, lo asumo. Tengo pendiente, y debería haberlo anotado en la incompleta lista de mi anterior post, El arco iris de gravedad de Pynchon. Pero le he dedicado su tiempo -el mío- a Don DeLillo, algo menos a Richard Ford y a Philip Roth. Y siempre he atrapado alguna migaja suelta, como en su día hice con American Psycho de Easton Ellis o con Todo un hombre de Wolfe. A la última novela del cual, por cierto, dedicaba también Rodrigo Fresán un artículo en la misma revista el pasado mes de abril, y en donde decía que Wolfe ha descubierto "que en las universidades del tercer milenio se bebe mucha cerveza y se fornica sin parar", como si en su vida hubiera leído a Easton Ellis y se hubiera reconvertido a la moda soft de American Pie. Ese es el temor que siempre tengo cuando me enfrento a un libro de un estadounidense: no sé si voy a quedar motivado por un lenguaje iconoclasta y rompedor, por unos personajes modernos que rompen estereotipos, o desfalleceré ante la enésima versión del menú con ingredientes de la Warner Bross, sofrito de ketchup y bandera con estrellas en el bolsillo trasero del pantalón. De ahí mi estima por la frontera de El Paso hacia abajo, donde los límites se diluyen y las patrias perecen a merced de los francotiradores de ningún lugar.

No es fácil realizar una clasificación de temáticas, géneros o estilos ante la avalancha de nombres: ¿qué tienen en común Philip K. Dick, Raymond Carver o John Updike, más allá de su pasaporte? ¿Y Douglas Coupland, Charles Baxter o Foster Wallace? Me alienta la idea de la novedad, en el sentido que América (perdón por utilizar el término así, a lo bruto) asume su rol de tierra sin tradición, rol tan falso de hecho como cualquier otro pero que en cierta medida funciona y obliga a producir arte que no arrastra maletas repletas de mitos. Que el mito sea Marilyn y no el Minotauro identifica a toda una sociedad, y de ahí que esperemos siempre que América produzca algo nuevo, porque "la literatura estadounidense siempre fue nueva y nunca dejará de serlo".

El temor a que hacía referencia, empero, no me impide ir probando de aquí y de allá, y descubriendo en contadas ocasiones a ciertos autores con los que recupero la esperanza (Jeffrey Eugenides) y vuelvo a situar el punto de mira hacia el Norte. Ahora es Rodrigo Fresán quien nos incita a seguir por esa senda y nos regala una pequeña brújula para no perdernos: ¿la sabremos aprovechar?

7 comentarios:

Magda dijo...

Mira, hallé esta entrevista y creo que te gustará:

http://www.sololiteratura.com/bol/bolanoentrevistas.htm

Saludos.

JacoboDeza dijo...

Gracias, Magda, por el link. La segunda entrevista que aparece en tu propuesta, que de hecho es la última que le hicieron a Bolaño, ya la conocía por otras fuentes, y es una pequeña maravilla. Otros enlaces no los conocía, y me servirán de mucho.

La entrevista en formato video (supongo que te debes referir especialmente a esta), la voy a ver en cuanto pueda: veo que dura casi una hora, y habrá que hacerlo con calma y con mejor sonido que el que tengo en esta computadora. Un excelente documento: muchas gracias de nuevo.

Magda dijo...

Que bueno que te agradó.

Buena semana.

Portnoy dijo...

Con La correcciones nunca me atreví... quizás debería aprovechar estas vacaciones, pero no.
Chabon, Eugenides y Safran Foer me aparecen autores sobrevalorados (como si no hubiese otros autores interesantes en los EEUU)
Confieso mi deuda con Delillo y Updike.
Confieso lo ininteresante que me resulta Ford... coo si lo que escribiese nada tuviese que ver conmigo (también me pasa con Wolfe)

Pynchon ES el mito. No el minotauro, ni Marilyn. El mito (equiparable al de Salinger) que situa al autor por encima de su obra... que no precisa de una obra para convertirse en referente literario.
Y el resto de los autores (con excepciones ilustres: Auster, Roth, Irving...) beben de esa fuente mítica que no puede saciar la sed literaria.
Sí, creo que EEUU los baremos literarios siguen criterios a veces alejados de la propia literatura.

Estoy de acuerdo en que a veces nos califica más lo que no leemos que lo que si hacemos... es cierto que ya no tenemos excusa para no leer a Proust o a Chautebriand... particularmente lo que no tengo es dinero...;)
Salud

JacoboDeza dijo...

Sí, Ford y Wolfe conformarían un estilo muy propio del american way of life: es muy difícil meterse de lleno en él si eres de otra cultura. Bueno, sus obras se entienden y se leen de manera ágil y todo eso, pero uno siempre tiene la sensación de perderse algo, de no captar totalmente esa atmósfera tan consustancial a ciertos tipos y que a nosotros nos parece como que ni fu ni fa, mucha palabrería para no llegar a ningún sitio.

De Eugenides yo espero más todavía, pero confío bastante en él y en lo que puede aportar. Menos, por ahora, que con DeLillo, que ya es todo inmenso presente.

Jugosa tu apreciación por Pynchon, situándolo a nivel de mito. Me falta perspectiva y lectura para apreciarlo, pero sé que es referente para muchos. Estoy de acuerdo en que Auster es una individualidad casi excéntrica, al margen de corrientes y modas.

Buff, ya tendremos tiempo de ir analizando con más pausa cada autor. Ahora necesitaba dar elementos de debate, ir dejando huellas en la senda para ver por donde nos lleva el camino. Menos mal que lo que te falta a ti es el dinero: a otros nos falta otra cosa peor, el tiempo. ;-)

Magda dijo...

Letras Libres es estupenda revista, y hay muchos buenos textos. Y ahora suscribirse es gratis (era de pago).

JacoboDeza dijo...

En efecto: tan fácil como poner nombre y contraseña. Un lujo en estos tiempos de copyright y cuotas para todo.