miércoles, 17 de agosto de 2005

La renovación de la novela

Cuando oigo a alguien hablar, hoy todavía, de la muerte de la novela, desenfundo la almohada. Otra cosa es que ese alguien tenga nombre y apellidos -Eduardo Mendoza- y afirme ahora algo muy distinto: que es necesaria una renovación de la novela. Ahí sí que mis desvelos me vencen y debo seguir leyendo para saber en qué consiste esa renovación.

Dijo el novelista en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo que "la gran aportación de la novela vendrá por el periodismo". Sin duda hay que pensar en esta frase. Es cierto que el periodismo ya ha dado algunos pasos para meterse de lleno en el terreno de la ficción (el buen reportaje con ansias literarias queda para otra ocasión). No hablo aquí, pues, de Kapuscinski: hablo de los mecanismos que provienen del periodismo y que acaban metiéndose en el proceso de creación ficcional. El ejemplo que pone Mendoza no me parece el mejor, por lo que ya tiene casi de cliché, pero supongo que Soldados de Salamina debe ser un paradigma de lo que esa renovación debe aportar en el futuro. Los elementos están ahí, claro: el narrador que escribe un artículo periodístico y que prosigue su indagación mucho más allá de las páginas del periódico, y nos cuenta ese proceso indagatorio y sus descubrimientos. Casi todos falsos, claro, pero falsos en cuanto a su aspecto periodístico, plenamente verdaderos en el sí de la novela. Arcadi Espada ya dejó escrita en sus Diarios la falacia que supone buscar a Miralles y encontrarlo en un asilo francés, creando así un personaje falaz que de algún modo representa a todos los Miralles posibles, estén en un asilo, en un viaje de jubilados o en el bar de la esquina jugando una partida de mus. Miralles somos todos. Pero Espada es un periodista que leía una novela, y su enfoque estaba emborronado por su particular prejuicio profesional: el periodista-lector buscaba la verdad y se encontró, ay, con una verdad de novela, como si dijéramos de segunda categoría.

¿Pero qué hay más allá de esos Soldados? ¿Por dónde podemos seguir hallando nuevas pistas que nos indiquen que la novela está cambiando, y haciéndolo en función de unas reglas adoptadas del periodismo? Como esta palabra quizás asusta un poco, mejor hablar de las nuevas relaciones que se establecen entre el imaginario de la ficción (con lo que ello supone de creación de personajes, elaboración de una trama y de una estética particular) y elementos extraídos del pasado, ya sea inmediato o histórico, que conviven en armonía. ¿Pero es esto renovador? Al menos se me ocurren dos nombres que sí seguirían esta línea y que se podrían considerar renovadores: Sebald y el último Marías. Los dos, además de crear un código estético muy particular con una elevada calidad literaria, navegan en dos espacios paralelos, ficción y realidad, sin rupturas ni fronteras que marquen el paso del uno al otro. No sé si el Bolaño de 2666 y su compendio de las muertes de Ciudad Juárez entraría en esa lógica. Marías puede hablar en Tu rostro mañana de su padre, de la Guerra Civil española, de Hugo Chávez, de las novelas de Ian Fleming... Todo palpable y estrictamente real. Pero el entramado sigue siendo un mundo creado con las leyes de la novela, no al margen de ellas. Dice Mendoza de Soldados de Salamina: "prescinde de la forma de novela, juega con los tiempos (...) Todo eso acaba convirtiéndose en una novela. En ningún momento muestra las cartas de la novela, pero es una novela. No sé si será el futuro, pero es una renovación". No veo claro que Cercas no muestre esas cartas, de la misma manera en que las muestra Marías. Ni qué decir tiene que no son las cartas de la novela decimonónica, pero corresponden a un género que ya bebe de otras fuentes, y sin duda el periodismo, con su revolución en el siglo XX, es una de ellas. Una más.

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Toque de alerta: cuando el dinero abunda y el tiempo escasea sobreviene la estupidez.

5 comentarios:

Magda dijo...

Es verdad, cuando el dinero abunda muchas veces sobreviene la estupidez. Pero en este caso de esta chica, la estupidez más grande es la de su esposo, por andarse fijando solamente en lo que que se ve, no en lo que no sale en las fotografías ;)

Muchos saludos.

JacoboDeza dijo...

Lo más preocupante es que ambos han publicado ¡libros! en forma de autobiografías. Ya sabemos que no lo han escrito ellos, pero su nombre aparece en portada. La conclusión es que se puede publicar un libro sin haber leído ninguno previamente. Así, siguiendo el razonamiento, se supone que se puede componer música sin haber escuchado jamás una nota de Bach o hacer trasplantes de hígado sin saber dónde está la arteria aorta. Pero no: solamente para escribir libros parece que es compatible ser un zopenco y poner la cara en la portada. Tanto él como ella. En fin, dejemos el tema...

poéticas dijo...

No creo que la novela de Cercas abra ningún camino nuevo. "Soldados de Salamina" me gustó tanto como me ha disgustado su nueva novela, "La velocidad de la luz", en la que vuelve a utilizar el mismo procedimiento de la identificación, algo tramposa, entre narrador y escritor. Lo que podía parecer novedoso en la primera, resulta tremendamente artificioso en la segunda. El narrador de "Velocidad" es un escritor que ha publicado una novela acerca de un episodio de la guerra civil española ("Soldados") y al que el éxito repentino de ésta le ha envilecido. El personaje es poco creíble (demasiadas jeremiadas) y la trama está teñida en más de una ocasión de un melodramatismo gratuito. En fín, que si Cercas abría nuevos caminos con sus "Soldados", en "Velocidad" ya se ha encargado de cerrarlos mediante el agotamiento de todos los procedimientos narrativos supuestamente innovadores de su exitosa novela.

JacoboDeza dijo...

Interesante comentario que dejo sin responder porque tengo pendiente La velocidad de la luz: cuestión de semanas, espero. Otros amigos con blog han insistido en el carácter excesivo de este recurso y en la torpeza que representa atornillar de nuevo lo que parecía estable y cerrado. Quizá Cercas creyó encontrar filón donde no lo había, material literario que caducaba en su primer uso: pero sigo escribiendo sin haber leído, y dándote la razón prematuramente.

Anónimo dijo...

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