lunes, 27 de octubre de 2008

La inútil tijera en tiempos digitales

Esta historia que voy a resumir me asalta en los estertores del fin de semana, en una de esas tardes domincales tan plácidas (nunca he entendido qué manía le tienen algunos a las tardes del domingo, para mí siempre han sido un remanso excelente para la lectura, la escritura y las musarañas) y en las que uno no espera encontrar muchas sorpresas por internet. En cambio, me ha llegado por doble vía un asunto sobre un libro con bastantes espinas jurídicas y sentimentales, justo antes de irme de viaje por una semana y quedar desconectado de este mundo.

Me permito un inciso: aunque no lo pudiera parecer después de más de tres años de blog, soy un ferviente lector de libros de memorias y biografías. No suelo comentarlos casi nunca, y tampoco ahora me voy a poner a escudriñar las razones. Pero también soy muy selectivo: de un tiempo a esta parte me ha dado por leer, de manera especial, recuentos de vida de los actores de la política española del siglo XX. Leí con lentitud, hace ya años, las memorias de Santiago Carrillo. Hice lo propio hace mucho menos con los dos volúmenes de las memorias de Alfonso Guerra, y estoy metiéndome en el primero de las de Jordi Pujol. Hay dos libros que espero con cierto fervor: la autobiografía, que no ha sido anunciada jamás que yo sepa, de Felipe González, y la que está por salir en breve, de Pasqual Maragall. Dejo para otro día qué lecciones saco yo de todas estas lecturas y el porqué de mi fijación por estos personajes.

De lo que quiero escribir hoy es de este último hombre, expresidente de Catalunya y exalcalde de Barcelona, del cual estaba a punto de salir a la venta un libro biográfico a cargo de Esther Tusquets y Mercedes Vilanova. Es decir, antes de que el propio Maragall publique sus anunciadas memorias. El primer aviso me llegó a través del blog de Arcadi Espada la semana pasada, cuando él mencionó el hecho y contó que había tenido acceso a las galeradas de esa obra. Por lo leído, el libro prometía jugosas declaraciones hechas al amparo de la intimidad con las autoras, y yo me frotaba las manos al adivinar su lectura en las próximas Navidades.

Como decía, ahora me llega por doble vía una rutilante novedad: El País, por un lado, cuenta que la familia Maragall ha impedido que el libro, titulado Pasqual Maragall, el hombre y el político, salga a la luz pública con algunos pasajes que han considerado que no debían haber sido transcritos textualmente. O sea: las entrevistas entre Tusquets y Vilanova con el propio Maragall o con su esposa estuvieron trufadas, por lo que se ve, de momentos de confesión sobre temas sensibles (el Alzheimer que padece el biografiado, su salida intempestiva de la Generalitat, la historia sobre un hermano drogadicto...) y ahora la familia aduce unas "condiciones previas" no firmadas para evitar a toda costa que esas confesiones pasen a tinta indeleble.


Pero por otro lado, de nuevo Arcadi Espada se refiere al mismo libro, que ya ha tenido ocasión de leer por completo, y difunde citas textuales que ya no podremos encontrar los compradores. Todavía más: publica la portada del libro nonato y, por si fuera poco, el ISBN, no vaya a ser que al final todas esas páginas encuadernadas terminen en el limbo de lo inédito. Por ahora, parece que 10,000 ejemplares ya editados van a ser destruidos, gracias a un pacto definido entre la editorial y los Maragall, de manera que lo que llegue a las librerías esta misma semana sea una versión políticamente correcta y sin demasiadas astillas personales. Ante tanta poda, a uno se le van quitando las ganas de gastarse los euros, por mucho que el resto de las páginas añadan datos de interés. Ya me lo contará el propio Maragall en sus memorias, pienso yo, que al fin y al cabo ha sido uno de los políticos más dados a emitir sentencias poco cómodas y sacarse de la manga frases extemporáneas.

Uno de los meollos del asunto ha sido que el libro contenía fragmentos de otro libro, ese sí inédito por los siglos de los siglos, del padre de Pasqual Maragall, Jordi. Un diario íntimo, cargado de opiniones y recuerdos suculentos, pero que la familia ha querido conservar en formol. Lo curioso es que hayan dejado en manos de las dos autoras estas páginas, y que incurran en la inocencia de creer que no van a sacar algún partido de tan interesante material. ¿Qué hacer en estos casos? Tusquets y Vilanova van recibiendo regalos, susurros, confesiones a media voz, confianzas y palmaditas, y a la hora de la verdad se les dice que no pueden publicar nada de eso, editorial mediante. Es el problema de las "biografías oficiales" o toleradas por los biografiados: que ellos se creen con la potestad de poner coto a cualquier salida de tono no adecuada.

Pero lo más interesante del asunto es que, una vez más y gracias a internet, lo impublicable ya se ha esparcido por otras veredas, y por mucho que guillotinen 10.000 ejemplares de papel, un lector atento puede conocer esos aspectos que le han sido mutilados en el manuscrito. Hay ecos de ellos en la red. Le ocurrió al juez que secuestró una edición de una revista satírica española con los príncipes en postura sublime: ¡Fue la portada más vista de la historia, aun cuando no había ninguna expuesta en el quiosco! Este libro sobre Maragall acabará siendo más conocido por lo que no sale en ninguna de sus páginas que por lo realmente editado, y este post no deja de ser un corolario del anterior: no hay papel que resista la inmediatez y la promiscuidad del destello digital.

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Después del huracán Littell, ya me preparo un año antes de la edición española para el huracán Tellkamp. También de ladrillos vive la literatura.

1 comentario:

Alex Nortub dijo...

Muy interesante tu blog.