sábado, 30 de junio de 2007

¿Quién crea al creador?

El cuarto capítulo de El espejismo de Dios llega al meollo del asunto, a la refutación científica de por qué es “casi seguro” (las comillas son mías para remarcar el curioso concepto textual que usa Dawkins en el libro) que Dios no existe. Si previamente había presentado y refutado diferentes hipótesis sobre la existencia de un ser sobrehumano, ahora explica con bastante detenimiento cuál es la principal razón para dejar de creer en ello, o para que el lector pueda reafirmarse en su propio ateísmo. El adverbio que antepone siempre al adjetivo pone de manifiesto que no hay un final definitivo para este asunto, pero las probabilidades se decantan de manera muy clara hacia la propuesta del autor.

El problema está en que esta razón, por mucho que tenga un nombre sencillo (selección natural) es un proceso complejo que debe ser argumentado con un lenguaje científico, a riesgo de caer en una divulgación para legos que parezca sacada del Discovery channel. Dawkins entra al trapo y convierte algunas páginas del capítulo en fatigosas elucubraciones para y sobre sus colegas, en especial cuando escribe sobre el principio antrópico y la etérea teoría del multiuniverso. Pero tiene el acierto de incluir un resumen final en seis puntos que concretan sus postulados y la conclusión que ofrece al lector. Contra mi actitud habitual (no suelo transcribir largos párrafos de obras ajenas), me parece que en este caso es muy interesante copiar esos seis puntos y, aunque el paseante de la senda no vaya a leer el ensayo, pueda al menos cavilar un poco sobre ellos y hacerse una idea de uno de los argumentos más básicos del libro:

1. Uno de los grandes retos para el intelecto humano, a lo largo de los siglos, ha sido explicar cómo aparece en el Universo la compleja e improbable apariencia de diseño.

2. La tentación natural es atribuir a la apariencia de diseño el propio diseño. En el caso de un artefacto creado por el hombre, como un reloj, el diseñador realmente fue un inteligente ingeniero. Es muy tentador aplicar la misma lógica a un ojo o a un ala, a una araña o a una persona.

3. La tentación es falsa, porque la hipótesis del diseñador genera inmediatamente el problema de quién ha diseñado al diseñador. Todo el problema con el que empezamos fue el de explicar la improbabilidad estadística. Obviamente, no es solución postular algo incluso más improbable. Necesitamos una “grúa”, no un “gancho celestial”, porque solo una grúa puede realizar la tarea de trabajar gradual y plausiblemente desde la simplicidad hacia la, de otra forma, improbable complejidad.

4. Con mucho, la grúa más ingeniosa y poderosa descubierta es la evolución darwiniana mediante la selección natural. Darwin y sus sucesores han demostrado cómo las criaturas vivientes, con su espectacular improbabilidad estadística y su apariencia de diseño, han evolucionado desde unos inicios simples mediante lentas y graduales etapas. Ahora podemos decir con seguridad que la ilusión del diseño en las criaturas vivientes es simplemente eso, una ilusión.

5. Todavía no tenemos una grúa equivalente para la física. La teoría de un cierto tipo de Multiuniverso podría, en principio, hacer por la física el mismo trabajo explicativo que el darwinismo hizo por la biología. Este tipo de explicación es en apariencia menos satisfactoria que la versión biológica del darwinismo, porque requiere mayores cantidades de suerte. Pero el principio antrópico nos faculta a postular mucha más suerte que con la que se siente confortable nuestra limitada intuición humana.

6. No deberíamos perder la esperanza de que apareciera una grúa mejor en la física, algo tan poderoso como es el darwinismo para la biología. Pero incluso en ausencia de una grúa casi totalmente satisfactoria similar a la biológica, las relativamente débiles grúas de que disponemos en el presente son, cuando se conjugan con el principio antrópico, autoevidentemente mejores que la autoderrotada hipótesis del gancho celestial de un diseñador inteligente.

A partir de aquí, dejando por sentada la casi inexistencia de Dios, el libro se adentrará en el aspecto que más me interesa: ¿Por qué, a pesar de todo, hay religión en prácticamente todo el mundo? ¿Por qué ese triunfo de lo falso? No sé si Dawkins pondrá ejemplos paralelos sobre el arte, que pueden ser bastante inútiles para la evolución de las especies pero que ahí están, para hacernos la vida más feliz. Un extraordinario triunfo de lo falso ha sido la literatura, y en especial la novela: 500 páginas para llenar vacíos, los mismos que llena Dios para millones de almas. Dios contra la Novela: este es mi tema, sin lugar a dudas.

1 comentario:

Perzival dijo...

Muy interesante el libro de Dawkins. Mucho más, desde luego, que el "Tratado de ateología" de Onfray, sólo para convencidos. Aquí hay convicciones, argumentación, y no ganas de insultar al prójimo. Con defensores así, los ateos podemos resprirar tranquilos (unos minutos, al menos).