miércoles, 4 de julio de 2007

Novela vs Dios

Unas cuantas horas (lo que dura un apagón diario en Nicaragua) es lo que ha tardado Fernando Savater en entrar al trapo con mi propuesta del último post. No es que Savater haya leído mi blog (Dios le libre), sino que las circunstancias se conjuran a veces, de una manera muy laica, para que haya curiosas coincidencias en el tiempo. Yo propongo, Savater dispone, aunque el orden de los factores no merezca en este caso más atención que la mera simbiosis del azar.

Escribe hoy Savater en El País acerca del último libro de Dawkins y de tantos otros ensayos publicados recientemente sobre religión. Todos ellos alegatos en contra, ciertamente, pero conviene no pasar por alto esta profusión de argumentos, ideas y propuestas dirigidas hacia un mismo tema. Las ventas parece que también funcionan: la traducción española de The God delusion ha llegado a los 10.000 ejemplares, cifra muy alta para un ensayo de peso. Pero nuestro filósofo no lo ve claro en su ya perenne socarronería:

En ese catálogo, los autores anglosajones destacan por su agresividad y también por un cierto candor misionero en su refutación de las viejas creencias.

¡Como si no hicera falta todavía refutar y refutar (y digo más: refutar hasta la saciedad) las viejas creencias! Yo pongo la tele y aparecen, en un canal tras otro, predicadores de corbata ante públicos entregados y aullantes, en escenografías de cartoné y micrófonos sensibles al alarido. Todo eso pasaría a todas horas ante mis ojos si me dedicara a la sana labor de sentarme en un sofá con un mando a distancia en la mano, pero mi dedicación a la lectura me impide ocupar mi tiempo en esos esperpentos. En todo caso digo que el fundamentalismo en América campa por sus anchas, y por mucho candor que le echemos al asunto no hay que bajar la guardia y debemos seguir refutando la ilusión agazapada en sotanas y altares.

Pero Savater, más adelante y después de insistir en el vano empeño de querer convertir a los fieles a base de racionalismo, aporta unas palabras que yo esperaba desde hace tiempo:

Me parece que la religión es un tipo especial de género literario, como la filosofía, y combatirla como una plaga más sin atender los anhelos que expresa es empobrecedor no sólo para la imaginación, sino hasta para la razón humana.

Ahí está el hilo invisible que une dos mundos distantes gracias a la misión paralela que aportan a la sociedad. Es duro reconocerlo, pero de la misma manera que la religión puede ser un excelente consuelo para muchos, la literatura también. Así vista, la religión se convierte en una especie de mitología moderna, en una summa de historias inventadas a base de vírgenes que conciben hijos sin sexo previo, Lázaros que resucitan, almas que ascienden a los cielos, panes y peces multiplicados y tantos otros capítulos que formarían una novela ciertamente extensa. Pero Savater no habla del mal que ese tipo de literatura genera en la sociedad, probablemente porque no cree en ello, de la misma forma que no cree (y yo con él) que todo lector masculino de Lolita sea a partir de la última página un pederasta potencial. Ese es el riesgo de etiquetar la religión como un género literario: que acaba siendo tan inocente como un poema de Gloria Fuertes.

En cambio, sí creo que la literatura puede servir en muchos casos para suplantar una visión aterradora del mundo (con sus guerras, nuestras muertes y tanta vacuidad doméstica y cotidiana), como la religión puede servir para montar argumentos que alivien tantas penas. Pero ah, mientras que los lectores separamos sabiamente verdad y ficción, la religión se empeña en conformar una verdad impostada que sustituya a la que desde Darwin quedó mucho más clarificada. Por eso mi réplica a Savater: lo empobrecedor para la raza humana no es eliminar de un plumazo los géneros literarios (nadie lo propone), sino dejar como verdades otros géneros que pertenecen al territorio de la más absoluta ficción.

Arcadi Espada responde también el artículo de Savater con certera precisión y desde otro punto de vista. Pero yo lo tengo claro: entre el Evangelio de San Mateo y la Recherche, ya hice mi elección.

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