martes, 16 de septiembre de 2008

Con Ernesto Cardenal

Por fin voy a escribir sobre lo de Cardenal. En esta pequeña patria en la que resido desde hace ya casi 5 años, las noticias que se han sucedido en los últimos meses bastarían para considerar que si hay un solo país vanguardista en este mundo, ese es Nicaragua. Una suma de surrealismo, dadaísmo y unas gotas de expresionismo tropical. No creo que a España lleguen demasiados ecos del vendaval de oportunismo naíf que asola estos lares, ni falta que hace. Pero consideren al menos que algunos sufrimos día a día la aberrante falta de sentido común de la pareja gobernante. Sí, dos: Ortega y señora, o Murillo y señor. Una mezcla de autoritarismo chillón y esoterismo vacuo. Piensen, sin ir más lejos, que uno de los últimos artículos de la señora terminaba con un “luna llena en cuarto creciente”. ¡Y esa gente gobierna!

Pero yo no quiero hablar de política, sino de literatura, como siempre. La penúltima acción dirigida por el establishment (desde presidencia hasta los juzgados locales, en caída libre vertical) es la acusación en contra del poeta Ernesto Cardenal por un asunto del que ya fue absuelto hace poco años. Alguien, a partir de unas declaraciones críticas de éste hacia la pareja gobernante realizadas en Paraguay, desempolvó un enterrado pliego sobre un conflicto de propiedades y condenó al poeta a una multa onerosa. El problema no radica en quién es culpable de qué, sino en la forma en que, arbitrariamente, se busca por dónde agarrar al incómodo orador y darle una reprimenda. La palabra venganza y sinónimos se adaptan como un molde a la secuencia de los hechos.

La respuesta de Ernesto Cardenal, honrosa, ha sido la de negarse a pagar tal sanción y no acceder al chantaje de jueces obtusos. Ante esta postura se le han embargado sus cuentas hasta que no haga efectiva la multa. En este toma y daca estamos, en espera de quién cederá antes, aunque en estos casos siempre es el poderoso quien a corto plazo termina por ganar la jugada, por mucho que la partida continúe y a la larga el resultado acabe siendo al revés. La victoria moral, en estos casos, ya está asegurada.


Por lo pronto, la solidaridad internacional por parte de los colegas ha sido menos tibia de lo que cabía esperar: José Saramago hizo público un comunicado en el que expresa que “Ernesto Cardenal, uno de los más extraordinarios hombres que el sol calienta, ha sido víctima de la mala conciencia de un Daniel Ortega indigno de su propio pasado, incapaz ahora de reconocer la grandeza de alguien a quien hasta un papa, en vano, intentó humillar”. También han firmado en su apoyo, espoleados por Sergio Ramírez, autores como Sealtiel Alatriste, Mario Benedetti, Horacio Castellanos Moya, Luis Antonio de Villena, Eduardo Galeano, Rosa Regàs, Juan Villoro o Mario Vargas Llosa. Éste, precisamente, dio el primer toque de alerta en un artículo reciente acusando a Ortega de violador, entre otras lindezas.

Ya quedan pocos días para la entrega de los Premios Nobel de este año. Una vez más, Cardenal será uno de los nominados, y aunque yo siempre he sido bastante incrédulo sobre esta posibilidad, las circunstancias quizá abonan a que sus números tengan este año más opciones que nunca. Esta lotería, ya se sabe, ha premiado boletos rarísimos a veces. Pero ocurra lo que ocurra, la infamia ya está suelta, para oprobio de los que piensan (y este verbo es muy optimista para ellos) que se puede acallar las voces críticas a base de espantos pecuniarios.

2 comentarios:

Folken dijo...

Las victorias morales pueden ser muy bonitas, pero muchas veces no se vive para disfrutarlas. Y si se hace, nunca saben como deberían.

Anónimo dijo...

Querido Jacobo Deza:
Solo quiero agradecer el gran interés que tienes por mi país, pero quiero expresar que la situación en mi país es muy difícil, de repente me encuentro en este momento hablando en vos baja, con el miedo que alguien me escuche...pero referente al poeta no tengo ninguna duda que se trate de una represalia por parte de “Ella”, sin embargo lo único que puedo asegurar es que en este país todos tenemos cola que nos pisen y valga a redundancia al poeta-sacerdote también.
Un abrazo
Tininiska