viernes, 17 de agosto de 2007

Una novela empantanada

Más allá de las 200 páginas de Este libro te salvará la vida, o sea con poco más de medio libro leído, ya queda claro que A.M. Homes ha optado por una historia de una pretensión que jamás alcanzará su destino. Me explico y, más aún, sin puntos: la moraleja a la que se quiere llegar, y que conforma la guía de la novela, es evidente: les voy a contar la historia de un hombre rico americano, de mediana edad, divorciado y con mucho ocio por delante, al que se le empiezan a torcer las cosas, pero de una manera soslayada, como quien no quiere la cosa, nada de grandes tragedias ni de escenas espeluznantes, todo debe ser digerido como un lento hundimiento en las raíces de la mediocridad, un ser humano que se va dando cuenta de su condición de hombre banal, que no tiene objetivos claros y que vive de la fruslería, de los alimentos orgánicos que toma de desayuno y que sólo habla con su dietista, un ser que pasa por el mundo sin alzar la voz, sin machacar a nadie, sin inventiva, sin sexo, sin vitalidad.

Dejénme respirar aquí (.) Imagínense todo eso, pues, y piensen en una novela de 400 páginas que les vaya a contar tamaña historia con parsimonia, con una cierta delectación en la nimiedad. El cúmulo de anécdotas sin interés es altísimo, y probablemente la gracia resida en seguir acumulando sin parar, hasta llegar a la conclusión (el lector siempre concluye, es inteligente) de que gracias a ese montón de donuts zampados, idas y venidas al médico o a un retiro de silencio, y a una mujer (¡todavía menos interesante que nuestro Richard Novak, faltaría más!) encontrada en el supermercado, el mundo es una porquería.

No deja de ser curioso el método, que se me ocurre pueda tener un mismo resultado por dos caminos distintos como mínimo: uno, decir que el mundo es una porquería, si quieren en un par de páginas; y dos, describir un listado de porquerías para que lleguemos a la conclusión de que todo lo que nos rodea lo es. En este último caso habremos perdido unas cuantas horas en reconocerlo, conociendo a unos personajes de quien nunca más desearemos saber nada. Ah, la gran comparativa que ya anuncié en otro post: mientras que McEwan en Sábado sí traza las venas de un hombre complejo en su medianía (he ahí la gran dificultad que todo gran escritor debe solventar) y de quién quisiéramos saber qué hace el domingo subsiguiente, Homes logra que odiemos a Richard, la vida de Richard, la novela de Richard e incluso a la autora que lo parió. No niego que esto pueda ser difícil, yo nunca me he puesto a la tarea y quizá tenga su mérito.

Si yo fuera de los que dejan un libro a la mitad, quizá éste sería un buen candidato. Pero quiero llegar al final, siquiera sea para contarlo. De hecho hay una escena sorprendente bordeando la página 200 que parece romper el esquema previo y presentar de una manera directa al protagonista como un héroe anónimo, pero la cena posterior que se describe vuelve a dejarnos en el sopor mefítico.

Ya lo dice claramente la página 163: Richard le pregunta a Anhil, el donutero simpático:

-¿Adónde quiere ir a parar?

Y le contesta el otro:

-Está empantanado.

Como quien habla, en fin, de la novela que lo acoge.

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Los 20.000 libros de Javier Marías y su orden cronológico me están haciendo repensar mi orden alfabético.

1 comentario:

Apostillas literarias dijo...

Querido Jacobo, me parece que este articulo te va a gustar:

El agua y el aceite